De todas las brillantes escenas de Malditos bastardos, la más memorable es la de Christoph Waltz disfrutando de un vaso de leche fresca. Puede que te pareciera inquietante, o incluso asquerosa, y no supieras por qué: la forma en que se bebe el vaso, se relame los labios y piropea a las vacas, sabiendo perfectamente que está a punto de asesinar a una familia que se esconde bajo sus pies.

Recuerda a Anton Chigurh sentado en el sofá con la botella de leche en la mano y la mirada perdida en No es país para viejos. Recuerda la bebida elegida por todos eso tipos endogámicos en Mad Max: Furia en la carretera. Puede que ni siquiera te fijaras en ella, considerándola una bebida más como el agua, el whisky, los refrescos o el café. Pero la leche no era una bebida elegida arbitrariamente. Se utiliza a menudo en el cine con un simbolismo muy concreto. Now You See It analizó su uso en una serie de películas famosas, y ahora que lo han señalado, te darás cuenta de la leche en todo momento, incluso después de que ese desagradable bigote blanco se desvanezca.